Mérida, México.
Karen se formó como bióloga y agricultora, saliendo a campo a buscar lo que había en las lecturas, en las complejidades ecológicas de un huerto, y los paisajes socioemocionales que eso implica. Su afinidad por la naturaleza se ha ido diversificando en formas de exploración. Después de trabajar con compostaje y procesos del suelo vivo, como maestra de huertos, paisajista y sembradora, fue natural migrar como lombriz a otro horizonte edáfico, el de las arcillas.
La cerámica se ha vuelto uno de los medios tangibles para narrar historias de lo animal, vegetal, mineral y microbiano que existen en lo imaginario, pero con una médula atada a los biomas de la tierra, tomando cuerpo en piezas cerámicas sonoras, utilitarias y escultóricas.
Su proceso con la cerámica inicia en el 2019 y desde entonces lleva una exploración, formulación, e incorporación de otros elementos. Se ha detenido a investigar los procesos de la fermentación, la química y física de los materiales que usa. Ha tomado distintos cursos formativos en el ámbito. Sus piezas cerámicas son de construcción manual, cada una resulta ser única. Quema entre los 900 y 1050°, sus piezas tienen una intervención por “fuera del horno”, manipulándolas al rojo vivo para lograr los acabados. Las técnicas principales que realiza son obvara, saggar, pitfire, rakú con pelos y copper matte.
Actualmente vive en Mérida, donde tiene su estudio “Polen Cerámica”; si no está haciendo cerámica, está arreando aves de corral y sembrando frutales, ambos importantes para su proceso creativo.